El juez no creyó a la mujer y el novio la mató tras ser juzgado y absuelto por maltrato (informa Reyes Rincón en El País), lo que junto al reciente asesinato de la diseñadora barranquillera Clarena Acosta por parte de su ex marido pone en evidencia el peligro de los celos mórbidos o patológicos, que hasta pueden llevar al crimen pasional (informa Marcela González en Aló) coinciden en el mismo día 6 de julio de 2010. Es evidente que los “Celos mórbidos”, requiren de una aproximación especializada. Los jueces deben soportar sus decisiones en juicios médicos previos, en informes diagnósticos, y no en las palabras, en la capacidad de expresión de la agredida y del agresor. El agredid@ cuando declara ante el agresor continúa siendo agredid@ y por tanto debil y coartado en sus capacidades. La sociedad debe participar en la detección de estos asesinos compulsivos que habitan en todos los tramos sociales y económicos.
Crónica de una muerte anunciada. Como la novela de García Márquez se podría titular el caso de Clarena Acosta, asesinada de dos disparos en la cabeza en la madrugada del primero de enero por su ex esposo, Samuel Viñas, en Barranquilla. Pese a las reiteradas amenazas recibidas en su contra y que a su ex pareja le habían dictado una caución que le impedía acercarse a menos de 150 metros, Clarena lo invitó el 31 de diciembre a celebrar la llegada del 2010. Ella no quería que sus hijos estuvieran sin su padre en una fecha tan especial. Un error que la diseñadora barranquillera pagó con su vida.
Viñas llegó a la residencia familiar de la carrera 59 número 86-188, barrio Riomar. Cenó paella y ensalada, departió con los asistentes, entre ellos sus suegros, y poco después de la una de la mañana comenzó a gritar que poseía pruebas contundentes que confirmaban que Clarena sostenía un romance con un italiano y que planeaba irse a Italia. La discusión fue creciendo en intensidad y Viñas se encerró en una habitación con su ex mujer, su hija Laura y Charles Rodríguez, un político puertorriqueño invitado a la reunión y quien es novio de Liliana Acosta, hermana de la víctima.
Los insultos prosiguieron y de repente Viñas sacó un revolver con el que encañonó a su hija y a Rodríguez y los obligó a salir del cuarto. “Le puso seguro a la puerta y casi de inmediato se escucharon dos detonaciones”, declaró Rodríguez, para quien es evidente que el homicidio fue premeditado porque cuando la policía retiró a Samuel Viñas del cuarto, Rodríguez le preguntó: “¿Qué has hecho, qué has hecho?” Y Viñas respondió: “Pasó lo que tenía que pasar”.
Pese a que confesó el delito y debido a tecnicismos legales que escandalizaron a Colombia, el homicida fue dejado en libertad e internado en una clínica psiquiátrica. Un juez de control de garantías corrigió la decisión y el asesino permanece en la cárcel El Bosque de la capital del Atlántico a la espera del juicio por los cargos de homicidio agravado y porte ilegal de armas.

Fuente: www.imifap.org.mx
Empresarios exitosos
Los esposos Viñas Acosta eran propietarios de Laura V, una firma dedicada a la comercialización y producción de ropa y accesorios para niñas. Laura V tiene 15 tiendas en las principales ciudades del país como Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Valledupar, Montería, Bogotá, Villavicencio, Ibagué, Armenia, Pereira, Cali y Bogotá, además de una sucursal en Panamá. La empresa exportaba a Centroamérica y a los Estados Unidos y planeaba abrir una tienda en Miami en el 2010.
En jaula de oro
El 31 de marzo de 1988, Clarena Piedad Acosta Gómez y Samuel Enrique Viñas Abomohor contrajeron nupcias en la iglesia barranquillera de la Inmaculada Concepción. Ellos se casaron jóvenes: con solo 22 años. Eran novios desde los 16, cuando unas primas de Samuel, que estudiaban con Clarena en el Colegio Nuestra Señora del Buen Consejo, los presentaron. La pareja tuvo tres hijos: Laura (20), Samuel (19) y Felipe (12).
Aparentemente formaban un matrimonio feliz. Habían triunfado en los negocios y gozaban de una buena posición económica y social en la ciudad. Quienes conocían la intimidad de los Viñas Acosta sabían que la realidad era otra, debido a los celos enfermizos de ‘Quique’, como le decían sus amigos. Su actitud controladora se manifestaba en prohibirle a su esposa usar determinado tipo de ropa, seguirla en sus viajes al exterior o instalar micrófonos y aparatos de interceptación telefónica destinados a espiarla.
En el fallo del Juzgado Séptimo de Familia de Barranquilla con fecha 9 de noviembre de 2009 y por el cual se concedió el divorcio a Clarena Acosta, quedaron consignados detalles del infierno que vivió la diseñadora durante su matrimonio. En el documento ella afirmó que fue víctima de “amenazas” y “maltratos psicológicos y físicos” incluyendo empujones y un intento de ahorcamiento.
Igualmente, describió los ataques de rabia de su ex, “durante los cuales destruye los enseres del hogar conyugal, les pega a puertas y paredes y amenaza con quemar la casa con todas las personas que habitan en ella”. Enseguida la demandante manifestó sentirse “secuestrada”, ya que Samuel Viñas “se la pasa vigilándome todo el tiempo” e incluso controla su “acceso a Internet”.

Fuente: www.imifap.org.mx
El 30 de mayo de 2009, se lee en el mismo fallo, Samuel la obligó a entregarle el pasaporte. Ante su negativa, el hombre comenzó a golpear la puerta y a advertir con “quemar la casa, matarla y matar a sus hijos”. Situación corroborada por la hija mayor de la pareja, Laura Viñas Acosta, quien regresó de Londres, donde cursaba estudios de diseño, para acompañar a su madre en el proceso del divorcio. Laura declaró que su padre amenazaba a su madre “con quemar la casa y matarnos, porque sabía que sus hijos éramos su debilidad”.
Lo que muchos en Colombia se preguntan es por qué “pasó lo que tenía que pasar” y la razón por la cual las amenazas de un individuo diagnosticado y tratado por un trastorno neurótico obsesivo compulsivo fueron pasadas por alto. En opinión de la psicóloga clínica y especialista en terapia de pareja Frauky Jiménez Mazo, estas advertencias no debieron ser ignoradas porque eran potencialmente peligrosas y demostraban que el asesino era un “individuo celoso patológico que presentaba accesos de ira y pensamientos intrusivos (obsesiones) sobre la posibilidad de que su ex esposa lo dejara”.
Alberto Calderón, primo de la asesinada, declaró que semanas atrás Viñas le había dicho a su prima que si se separaban él la mataría. Nadie, ni la misma víctima, creyó que Viñas Abomohor atentara contra la madre de sus hijos. Desafortunadamente, cumplió con su palabra. Clarena Acosta es otra víctima de la violencia contra las mujeres. A ella la recuerdan en el grupo de Facebook ‘Todos los que repudiamos a Samuel Viñas Abomohor por asesino cobarde’, como “Una persona honorable, noble, trabajadora, excelente madre, buena esposa. Quien dedicó su vida a su hogar, su familia, su trabajo y en especial a sus tres hijos”. Tres hijos que hoy tienen a su mamá en un cementerio y a su papá en una cárcel.
Celos, malditos celos
Todos somos celosos en mayor o menor escala”, sostiene la psicóloga clínica y especialista en terapia de pareja Frauky Jiménez Mazo. El peligro es cuando los celos se convierten en patológicos y conducen al celoso (o la celosa) a “espiar, prohibirle a su pareja vestirse de un modo determinado o restringirle contactos sociales o familiares”, explica la profesional.
Quien padece esta alteración puede sufrirla como resultado de malas experiencias amorosas anteriores, por ser criados con padres excesivamente críticos o por haber presenciado un adulterio en su hogar. La psicóloga recomienda a quienes tengan problemas de celos que busquen ayuda profesional ya que el celoso no solamente hace sufrir a los demás sino a sí mismo porque “vive un infierno”.
Porque te quiero, te aporreo… y te mato
Estadísticas y casos como el asesinato de Clarena Acosta por parte de su ex pareja evidencian que en Colombia a las mujeres se les golpea más que con el pétalo de una rosa, incluso se les mata. En el 2008, 92 mujeres fueron asesinadas por sus parejas, de acuerdo a cifras de Medicina Legal.
El sexo femenino lleva la peor parte en los casos de violencia conyugal que se denuncian, siendo las víctimas en el 88 por ciento de los casos. Los expertos creen que las cifras son mucho más altas, pero que las afectadas no denuncian las agresiones sufridas “por miedo, por los hijos, por temor de perder un estatus económico y social o simplemente porque temen quedarse solas”, explica la psicóloga Jiménez.
Los siguientes son apenas tres de los muchos incidentes de violencia contra las mujeres que han ocurrido en los últimos seis meses.
Vladimir Melo, concejal de Bogotá, contrató a dos sicarios para que mataran a su esposa, Alejandra Díaz Lezama, en julio del 2009.
En octubre del año pasado, en la vía que conduce de Alvarado a Ibagué, apareció el cuerpo descuartizado de Erika Cecilia Yenerys, esposa del entonces comandante de la Policía del departamento del Tolima, coronel José Joaquín Aldana, quien afronta juicio por haberle quitado la vida a su esposa a causa de los celos.
Olga Rocío Galindo, una joven de 19 años, murió el miércoles 3 de enero de 2010 como consecuencia de las quemaduras que le causó su ex novio, Ernesto Vásquez, de 54 años, quien en un ataque de celos y debido a que ella no quería volver con él, le roció gasolina y le prendió fuego.
Fabio Correa ahogó a su hijo Luis Javier, de 13 años, en una laguna y luego lo ató a una piedra. Al parecer el hombre no soportó la idea de que su ex mujer ya tuviera otra relación y que su hijo estuviera a favor de su madre. Llevó al niño a una laguna para que viera patos, pero lo que hizo fue sumergir su cabeza en el agua hasta que dejó de respirar.
Pasiones asesinas
Los crímenes pasionales ocurren en cualquier momento y lugar. Con personas anónimas y con famosos. Una muestra de célebres asesinatos pasionales.
El 12 de junio de 1994, hacia las 10 de la noche, Nicole Brown y su amigo Ronald Goldman fueron asesinados a cuchilladas en el barrio Brentwood, en Los Ángeles. Ella era ex esposa de Orenthal James Simpson, estrella de fútbol americano. No obstante las evidencias en su contra, tales como las palizas que regularmente propinaba O.J. Simpson a su esposa, o la presencia en la escena del crimen de un guante ensangrentado que pertenecía al jugador, en 1995 un juicio que duró 133 días, tuvo 150 testigos y costó 15 millones de dólares, lo declaró inocente. Un segundo juicio en 1997 lo condenó. O.J. Simpson no fue a la cárcel aunque fue obligado a pagar 33 millones de dólares en compensación.
El 4 de mayo de 2001 murió de un disparo en la cabeza Bonnie Lee Bakley, esposa del actor Robert Blake, protagonista de la serie de televisión Baretta. Blake había ido con su esposa a cenar a Vitello, su restaurante favorito en Los Ángeles. Después de la comida, marido y mujer se dirigieron hacia donde estaba estacionado el auto, a una cuadra del lugar. Bakley fue asesinada dentro del carro. El actor alegaba que se había devuelto al restaurante y en ese momento ocurrió el crimen. Ni los clientes ni los meseros de Vitello recordaban que Blake hubiera regresado. El supuesto móvil del asesinato fue una infidelidad de Bakley. Los abogados defensores lograron una sentencia de inocencia pero perdió una demanda por 30 millones de dólares por parte de los hijos de la occisa.
Phil Spector, uno de los productores musicales más celebres de la historia y quien produjo discos de artistas de los Beatles, los Rolling Stones, John Lennon o Tina Turner, entre otros, fue condenado a 18 años de prisión por el asesinato de Lana Clarkson, aspirante a actriz y mesera de una discoteca. El 3 de febrero de 2003, Clarkson aceptó una invitación del productor a ir a su casa. La mujer, de 40 años de edad, recibió un disparo en la boca. La defensa alegaba que fue un suicidio mientras la fiscalía afirmaba que al productor le gustaba jugar a la ruleta rusa cuando estaba borracho y recordaba su carácter violento y las declaraciones de su ex esposa, Ronnie, cantante del grupo The Ronettes, quien en la década de los setenta acusó a Spector de golpearla y amenazarla de muerte. Con 69 años de edad, es dudoso que Phil Spector pueda completar su sentencia.
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El juez no creyó a la mujer asesinada en Granada.
El novio la mató tras ser juzgado y absuelto por maltrato. El magistrado no vio “suficiente pasión” en el testimonio de la víctima. Entre la denuncia de Rafaela Rueda y su muerte transcurrió un mes
El juez que absolvió de violencia machista a Juan Heredia, el homicida de Pinos Puente (Granada), unos días antes de que matara a su novia, Rafaela Rueda, basó su decisión en la falta de credibilidad de la mujer. En la sentencia del pasado 22 de junio, Ernesto Carlos Manzano, titular del Juzgado de lo Penal número 6 de Granada, sostiene que no hay razón para condenar a Heredia, de 67 años, de la amenaza de muerte y las lesiones de las que le acusó su ex pareja, de 42, al resultar imposible “dar crédito suficiente” al testimonio de ella. El juicio rápido se celebró el 21 de junio, diez días antes de que el presunto asesino golpeara a Rafaela Rueda con una azada hasta matarla en plena calle.
Si no eres para mí, no eres para nadie
Entre la denuncia de Rueda y el fatídico encuentro con su ex pareja transcurrió justo un mes. La mujer se presentó ante la Guardia Civil de Pinos Puente a mediodía del 1 de junio. Allí, según el relato de hechos que recoge la sentencia, contó que, cuatro días antes, él la insultó y amenazó con una escopeta de caza en la casa que todavía compartían y le acusó de tener un amante. “Si no eres para mí, no eres para nadie”, le dijo. A la mañana siguiente, el hombre, en medio de otra discusión, “le propinó varios empujones y le golpeó en el costado”, según recoge el escrito de acusación de la fiscal delegada de Violencia sobre la Mujer de Granada, Susana Vega.
Rueda acudió al médico en la tarde del 30 de mayo para que le vieran un hematoma de un centímetro que tenía en el brazo izquierdo. Tras la denuncia de la mujer, el Juzgado de Violencia número 1 de Granada dictó una orden de alejamiento y de prohibición de comunicación contra Juan Heredia y le suspendió el derecho a la tenencia de armas.
Al juicio, que se celebró 20 días después, el hombre llegó como acusado de un delito de lesiones y de otro de amenazas. El fiscal pedía por cada uno de ellos 12 meses de prisión y la prohibición de comunicarse con Rafaela Rueda y de acercarse a menos de 200 metros durante dos años. Pero la declaración de la víctima, el único testimonio directo que escuchó el tribunal, no convenció al juez. En opinión del magistrado, tras la denuncia de la mujer hay “ciertas sospechas de disputas de fondo” respecto a quién de los dos se iba a quedar tras la separación con la casa que compartían. De hecho, sólo 13 días antes de que Rueda denunciara a su ex pareja, él le había denunciado a ella, también por presuntos malos tratos y había exigido que abandonara la vivienda. El hombre retiró la denuncia unos días más tarde.
Excesiva parquedad y escasísimas pasión y convicción de la mujer
El juez también destaca en su sentencia la “excesiva parquedad y escasísimas pasión y convicción” con que se expresó la mujer. La presencia de la lesión en el brazo tampoco probaba el maltrato, según el magistrado, porque no pudo quedar “suficientemente esclarecido” ni cómo ni cuándo se produjo la lesión. Asimismo, el fallo no aprecia prueba “objetiva alguna” de los empujones y puñetazos en los costados que ella denunció.
Por último, el juez advierte “significativas contradicciones e incoherencias” entre las manifestaciones de la mujer ante la Guardia Civil y su declaración en el juicio. Entre otras supuestas incongruencias, el magistrado cita que Rafaela Rueda dijo a los agentes que había tardado tres días en ir al médico tras la agresión de su pareja porque “estaba mareada y no tenía quien le acompañase”, mientras que al tribunal le dijo que no fue antes al médico “por miedo”.
Al magistrado también le resulta “paradójico” que la víctima no abandonara la casa “tras la supuesta agresión” y advierte de que, en la denuncia, la mujer atribuyó la actitud de él a “celos”, aunque en el juicio dijo que todo era porque el hombre “quería echarla de la casa”.
El juez de lo Penal dictó su sentencia absolutoria el 22 de junio y decretó que se levantara la orden de alejamiento impuesta por la juez de Violencia. El pasado jueves, esta orden todavía estaba vigente porque la sentencia no había sido notificada a las partes, pero no sirvió para evitar que Juan Heredia golpeara a su novia hasta la muerte con una azada.